Historia a través de los trazos

El pasado miércoles 22 de noviembre, el director asturiano Ramón Lluis Bande estrenaba su nueva película, Aún me quedan balas para dibujar, compitiendo en la Sección Oficial de Cortometrajes del Festival Internacional de Cine de Xixón. El corto está narrado por los dibujos que dejaron en la pared de las cárceles de Cangas de Onís presos republicanos durante la Guerra Civil. En Littera hemos tenido el placer de escuchar la presentación del director y hacerle algunas preguntas.

El cineasta ha explicado que esos trazos datan del verano de 1936, y él trataba de dar una mirada a la historia de la represión del franquismo en Asturias. Según nos cuenta, aquellos dibujos de la pared le fascinaron y él solo intentó traducir qué contaba esa pared ochenta años después en esos calabozos. Considera que más allá del valor que tienen esas ilustraciones, las cuales han aguantado intactas todo este tiempo, lo verdaderamente especial es que consigue la creación de lo que él ha definido como narración pura, cine puro.

“No tenía ningún interés en documentar lo visible, sino a través del dibujo, revelar lo invisible.”

Ramón Lluis Bande afirma que se trata de una pieza completamente diferente a todo su cine anterior, y que tuvo que manejar recursos cinematográficos que nunca había empleado, como es el caso del uso de música en un sentido tan principal, de los encadenados de imágenes o la utilización del material de archivo.

“Yo siempre me declaré como un cineasta anti cinéfilo. Creo que el cine tapa la realidad que quieres registrar. Siempre intento que cada película mire la realidad con los ojos limpios y no esté contaminada por películas anteriores o visiones de otros directores.”

Considera su película como una reivindicación cinéfila de un tipo de cine que ya no se hace, que enlazaría con las películas de Chris Marker de los años cincuenta y con el origen del cine-ensayo. También cree que Aún me quedan balas para dibujar tiene una importante inspiración en Guernica, de  Alain Resnais.

Su último proyecto le ha servido para explorar nuevos caminos del lenguaje cinematográfico, combinar técnicas con las que ya estaba familiarizado, como el uso de sus tradicionales planos fijos con nuevas herramientas de sonido, y además, usando el recurso de la música como un nuevo elemento de gran importancia.

A pesar de que la música es esencial para la película, el autor no quería que se solapase o asociase directamente con las imágenes. Simplemente pensó que arropaba muy bien esa construcción del relato de la pared, al igual que el uso del resto de sonidos, como el aviso antiaéreo que recrea los bombardeos que se produjeron. No obstante, señala que no quería caer en el ilusionismo y hacer que el espectador perdiera de vista la pared, solo recrear los recuerdos sonoros que pudieran tener los presos.

El impacto de visitar las cárceles, de imaginar qué paso allí, es algo que, según cuenta, le ha cambiado. Opina que esa cárcel medio abandonada, demuestra la inhumanidad y la inutilidad del espacio a través de las imágenes que se proyectan al inicio del corto de las galerías varías.

A mí en particular, me llamó la atención por qué eligió contar esos testimonios a través de dibujos y de ese silencio que reina durante todo el corto, a lo que Ramón Lluis contestó que era algo necesario. El origen de la idea de esa la película se dio a partir de un texto que leyó por azar de Alejandro Calvo.

“El escrito me tocó de tal manera que me obsesioné con la idea de qué podrían contar las paredes. Esos dibujos fueron considerados patrimonio protegido. Fui a la cárcel después de documentarme. Fueron los propios dibujos los que demandaron la historia.”

Seguramente, los dibujos más impactantes sean los calendarios en las paredes, en los cuales los presos no llegan a tachar la totalidad de los días, pues la mayoría están condenados a muerte. Los dibujos contaban historias de muertos, de vidas cotidianas, de mineros, de los aviones tirando bombas, del estallido de la guerra, de los refugios.

En cuanto a proyectos venideros, el director ha afirmado su deseo de seguir investigando e indagando en la línea de la memoria histórica y democrática.

“Quiero seguir contando historias que están sin contar, que están ocultas. Seguir definiendo una mirada cinematográfica personal para acercarme a cada realidad, a compartir historias con la gente que siguen sin querer que compartamos.”

El corto finaliza con una canción que suena sobre el fondo negro, invitando enteramente a hacer una reflexión, además de dejar las últimas frases del tema a múltiples interpretaciones. Pues, en todos los casos, el silencio juega un papel crucial, adueñándose de la historia. Unas veces, porque existen historias que siguen sin contar. Otras, porque las ya contadas nos resultan tan atroces, que preferimos mirar hacia otro lado.

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