Al corto español le preocupa qué nace en la entraña social de nuestro tiempo

Quiénes somos, en qué nos convertimos o, mejor aún, qué queda de lo que creíamos ser son algunas de las preguntas que dejan a la luz las bellas pero no por ello menos alarmadas voces reivindicativas que encendían la pantalla del FICX el pasado 23 de noviembre.

Así pues, abría la noche del corto español Les vimos reír y creímos que era de felicidad, de la mano de Vermut en dirección y guion y Cristina Hergueta en producción, para mostrarnos el cercano eco de la palabra deshumanización. Sí, así es. Apenas pasados unos minutos de su comienzo, el corto había conseguido llenar la sala de carcajadas que, aparentemente desencadenadas por sencillas notas de humor, no encerraban sino la realidad más cruda.

Desde luego, resulta inevitable reír con la desesperada situación del personaje que dirige su padecer a un veterinario en lugar de a un médico, de la misma manera que causa impacto la imagen que muestra cómo ese mismo veterinario, incapaz de empatizar con un ser humano, se ve desbordado por el poco agrado que profesa al ser animal. No obstante… ¿Nos será en verdad tan lejano  el sentido de cosificación al que las imágenes nos enfrenta?

Al fin y al cabo no parece tan descabellado ni tan absurdo la idea de que, a falta de una voz amiga, haya quien se cobije en la calidez de una conversación con una compañía telefónica. Desde luego esta creación ha sido una propuesta tan valiente como astuta con este juego de humor de doble fondo.

En segundo lugar, La inútil, dirigida por Belén Funes, guionizada por ésta y Marçal Cebrian, y producida por Carla Sospedra e Isabel Coixet, no es posible decir que haya conseguido menos que reflejar algo tan común como el peso del fracaso y la inadaptación.

Para mi gusto, la intensidad de las miradas que parecían susurrar lo grandes que quedaban a la protagonista las riendas de su vida erizaban el vello del espectador más recio. La construcción de las imágenes conseguían hacer del espectador un personaje más en la acción y experimentar precisamente ese juego de miradas propuesto, cayendo finalmente en la cuenta de cómo, una vez más, el habernos sentido inútiles, desplazados y hasta dependientes o extraterrestres en nuestro propio círculo nos es más común de lo que a menudo reflexionamos.

khufhuhu

Finalmente, me gustaría referir a la siguiente como la tercera de las producciones que mejor dibujó el tono de la noche -y no porque no lo hayan hecho también Les bones nenes y El andar del borracho, cuya felicitación es más que merecida, sino porque las mencionadas me han emocionado de manera más significativa-: Vacío. Dirigida y guionizada por Sergio Martínez, así como producida por éste mismo y Andrés Díaz.

Una mezcla de oscuridad y neón en las imágenes, y cuya historia dejaba tantear un abismo y una sensación de ansiedad propias de quien, rodeado de música, risas y voces, solo escucha silencios. Una vez más, cualquiera de nosotros podría haber sido la joven que se deja llevar por la inhalación de una noche de excesos en un intento de paliar su vacío…

…sin éxito.

Lamentablemente, cuando una lágrima me hacía recordar que yo también había sido ella, unos resoplidos hastiados un par de butacas a mi izquierda consideraban, en definitiva, que no tenía historia aquello que no salpicaba la pantalla de sonido y peripecias.

Es triste pensar que no tenga éxito la metáfora que exija un examen de conciencia aún no facilitado por ninguna app… y aun así me gusta pensar que a la noche del corto la hayan bautizado los metrajes y no las miras.

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