“Elige un televisor grande que te cagas…”

“Elige vida”, así titulaba Hamnett a una nueva campaña para combatir las drogas en pleno año 1983. Fue tan existoso y bien acogido que incluso el grupo Wham! lo utilizó como el lema de su grupo, pero no sería hasta 1996 cuando esta frase cobrase su significado por completo.

En 1996, Aznar fue proclamado presidente, clonaron a la oveja Dolly, el Atlético de Madrid ganó el “doblete” y Trainspotting reventó las taquillas de los cines de Reino Unido.

Fue acogida con reticencia, ya que se pensaba que hacía apología del consumo de drogas, aunque lo que de verdad estaba pasando era que estábamos a punto de presenciar una de las películas más innovadoras de los últimos años. Fue promocionada con una inteligencia digna de admirar: anuncios con temática de club pop de los 70 y carteles con imágenes individuales de cada uno de los personajes del filme. Todos excepto uno, Kevin McKidd, ya que se fue de vacaciones días antes de su estreno y estuvo desaparecido una temporada, no sería hasta su regreso de la jornada vacacional cuando se diese cuenta del boom del estreno.

La película británica, basada en el libro de título homónimo escrito por Irvine Welsh, narra, de la mano del director Danny Boyle, la historia de un heroinómano escocés, Mark Renton, y de sus peculiares amigos: Spud, Sick Boy, Tommy y Fancis Begbie –también enganchados a la heroína– desde la perspectiva del mismo drogadicto, algo completamente innovador para los tiempos que corrían.

La primera escena nos mostraba a Renton corriendo con Spud por la calle escapando de unos guardias de seguridad tras robar unos libros, y aquí fue donde apareció el famoso monólogo ya por todos conocido:

“Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. Elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact disc y abrelatas eléctricos. Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales. Elige pagar hipotecas a interés fijo. Elige un piso piloto. Elige a tus amigos. Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca en una amplia gama de putos tejidos. Elige bricolaje y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida… ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?”

Nos explicaba aquí el punto de vista del drogadicto, que  justifica su adicción en no querer seguir un modelo establecido, ya que le resultaba aburrido, en cambio, dándose a la heroína no hay preocupaciones, ni trabajo, ni novias, ni amor, ni moral. Solo te preocupa conseguir vender algo de casa de tus padres para poder conseguir el nuevo pico antes de que el mono sea demasiado fuerte como para poder soportarlo.

En el film observamos la evolución de Renton, el protagonista y además el único personaje que parece poder salir del círculo vicioso que supone la heroína. Se droga y, cuando la heroína no es suficiente, se mete supositorios de opio por vía rectal; después de un viaje que lo marcaría y una diarrea bestial decide pasar la abstinencia. Gracias a ello, recupera su deseo sexual que llevaba sin aparecer desde que se dió al caballo. Se acuesta con una chica, Diane, que más tarde descubre que es una colegiala y que vive en casa de sus padres. Le vende a Tommy, el único del grupo que no se drogaba, su primer pico de heroína tras romper con su novia. Descubren muerto al hijo de Sick Boy, debido a una sobredosis transmitida de su madre al bebé durante la lactancia. Los padres de Rentron lo encierran en su habitación para que se desenganche, y Diane lo convence para que cambie de vida. Finalmente, se va a vivir a Londres, a trabajar como agente de alquiler de propiedades, pero sus amigos van para reventarle todo lo que había construido. Tommy muere por toxoplasmosis y planean un golpe. Tras varios altibajos, y después de haber completado el negocio, Renton se larga con la pasta dándole el palo a sus amigos, menos a Spud, a quien le deja 4.000 libras, que se gasta, obviamente, en caballo.

“Trainspotting” es el término utilizado en Reino Unido para llamar al hobby, no por todos compartido pero sí muy habitual, de ver trenes pasar, aunque esta película nos regala su segundo significado acotado por el argot escocés en el que se traduce por “buscarse la vena para inyectarse droga”.

En una estación de trenes abandonada, donde Renton y Begbie iban a hacer sus necesidades cuando ya estaban muy puestos, Boyle nos explica este hecho gracias a un borracho. Este hombre muy pedo se acerca a los jóvenes y les pregunta si están haciendo trainspotting, que en este caso se trata de un juego de palabras entre trenes y drogarse.

Han tenido que pasar 20 años para que pudiésemos apreciar la evolución del famoso monólogo de Mark Renton, el protagonista del ya film de culto de este último siglo, y conocer que ese borracho era, en efecto, el padre de Begbie.

En la segunda parte, que poco tiene que ver con el segundo libro de Welsh, según afirma el propio Boyle, se muestra la vida de Renton tras su vuelta a Edimburgo 20 años después. Vuelve con un hombre nuevo y reformado que ya ha dejado la heroína por completo, dispuesto a venir a visitar a sus viejos amigos. Se encuentra con un Spud, que piensa en quitarse del medio para no ser una carga para su mujer y su hijo, un Sick Boy que, tras una paliza, trata de engañarle todo el rato con negocios relacionados con la prostitución, y un Begbie que le quiere ver muerto a toda costa.

20 años después del éxito de 1996 el monólogo se transforma, evoluciona a los tiempos que corren, dominados por la tecnología, la sociedad pudiente:

“Elige la vida. Elige Facebook, Twitter, Instagram y reza por que a alguien, en alguna parte, le importe… Elige desenterrar viejas relaciones, deseando que las cosas hubieran sido diferentes. Elige ver cómo la historia se repite. Elige tu futuro. Elige el reality TV, tildar de putas, porno de revancha. Elige un contrato de cero horas, un viaje al trabajo de 2 horas… y elige lo mismo para tus hijos, sólo que peor, y ahoga el dolor con una dosis desconocida de una droga desconocida hecha en la cocina de un desconocido. Y luego… intenta respirar profundamente… Eres un adicto, así que sé adicto. Sólo sé adicto a algo más. Elige a los que quieres. Elige tu futuro. Elige la vida.”

Y es que, si hay algo más aburrido que seguir un modelo de vida, es vivir escapando de él.

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